YaaS: Cuando el ciudadano es el centro

El desarrollo de las smart cities ya es una realidad en muchas partes del mundo y, a raíz de este concepto, también han surgido otros como el de smart citizen, o ciudadano como sensor (YaaS), en el que se coloca al ciudadano como centro para potenciar la innovación y satisfacer sus necesidades, a la vez que se realiza una gestión más eficiente. Repasamos cómo surgió esta idea y cómo se está llevando a cabo en varias ciudades del mundo.

Muchas ciudades del mundo ya son inteligentes gracias entre otros elementos a la instalación de sensores y a la gestión de la información que estos recogen. El concepto de Ciudadano como Sensor, YaaS (You as a Sensor, Tú como Sensor), pretende llevar un paso más allá esta idea y descubrir y resolver problemáticas que tienen las personas en su vida diaria. 

¿Cómo funciona el ciudadano como sensor?

Antiguamente, conocer lo que piensa o lo que necesita un ciudadano era una tarea muy complicada y que implicaba una gran cantidad de recursos. La nueva tecnología ha permitido reducir esta brecha en la relación entre el Gobierno y el ciudadano. Ahora es posible conocer qué problemas tienen las personas y no sólo centrarse en datos macroeconómicos que dan una idea general de la realidad económica, pero no una imagen precisa y concreta de las dificultades actuales.

Esta tecnología que permite este acercamiento tan importante para mejorar el día a día de la población, consiste en sensores instalados a lo largo de la ciudad que ofrecen un flujo continuo de datos de diversos aspectos, como el consumo, la electricidad o el agua.

No sólo los sensores son los encargados de aportar datos, sino que también los propios ciudadanos lo hacen constantemente, ya que, en la actualidad, vivimos permanentemente conectados a la Red a través de smartphones, wearables (como los smartwatches) y el Internet de las Cosas (cada vez más aparatos de la casa tienen acceso a internet para mejorar sus funciones).

Para hacernos una idea de la cantidad de información que se genera a diario, el dato concreto es de 2.5 trillones de bytes. En sólo los dos últimos años de la historia de la Humanidad, se ha producido el 90% de datos de todo el mundo. Estas cifras (y muchas más que recopiló Forbes en 2018) dan una idea del potencial que hay detrás de todo esto.

Además, según el último informe de la compañía especializada en software DOMO, se estima que en 2020 cada persona generará 1.7MB de datos por segundo. Por lo tanto, el futuro se encuentra en los datos y en aprovechar el poder que tienen para mejorar la vida de los ciudadanos.

Por lo tanto, la falta de datos sobre la actividad diaria de los ciudadanos no es realmente un problema, ya que, día a día, producimos una ingente cantidad de información. La cuestión radica en si dicha información está siendo utilizada y aprovechada para mejorar las vidas de las personas y satisfacer las necesidades que les van surgiendo a lo largo del tiempo.

Gracias a la ingeniería de datos y a la geolocalización, el análisis de todos los datos que producimos permiten dibujar un perfil de la vida de la ciudad, de lo que podríamos definir como su personalidad. Posteriormente, gracias al análisis semántico de la ciudad, se consigue un perfil mucho más completo. Además, las redes sociales también juegan un papel muy importante, puesto que, gracias a los hashtags, podemos saber qué opina la población de la ciudad, las cosas que le preocupan y qué les gusta.

Ciudad2020 y su apoyo al ciudadano como sensor

En 2013, en España se implantó el proyecto Ciudad2020 en tres ciudades diferentes: Barcelona, Málaga y Santander. Dentro de este conjunto de acciones innovadoras, el ciudadano como sensor tenía un peso importante y se promovieron iniciativas como la creación de una plataforma global para el registro de incidencias, en la cual se podía subir material multimedia para ilustrar mejor el caso.

Las posibilidades de esta implementación eran muy amplias en diversos departamentos de la ciudad. Por ejemplo, en el transporte permite conocer el estado en tiempo real de las carreteras, el funcionamiento del transporte público o las plazas de aparcamientos disponibles en un determinado lugar.

Con esta información, el ciudadano cuenta con los medios para conocer cuál es la mejor forma de llegar a un sitio utilizando el transporte público o dónde tiene mayor probabilidad de encontrar aparcamiento libre. El objetivo final es el desarrollo de un servicio de transporte urbano integrado.

Yaas

En 2019, el proyecto Santander Smart Citizen se continúa desarrollando el concepto de ciudadano como sensor a través de medidas prácticas concretas, como la tarjeta ciudadana. Así, cualquier persona puede utilizar dicha tarjeta (o incluso la aplicación del móvil si no la lleva consigo) para montarse en el autobús, pedir un volante de empadronamiento, sacar un libro de la biblioteca, etcétera.

Dentro de este proyecto de innovación, también se crearán espacios tecnológicos para tener acceso a información de interés general a través de pantalla interactivas, con puntos de acceso WiFi y estaciones de carga para los móviles, además de juegos para que los más pequeños estén entretenidos.

Otro ejemplo de la resolución de los problemas de los ciudadanos y una gestión más eficiente de los recursos municipales lo encontramos en Bristol, Inglaterra. Después de varias reuniones en el Ayuntamiento, descubrieron que una de las mayores preocupaciones de la ciudad eran las humedades en las viviendas.

Teniendo esto en cuenta, se diseñó un programa en el que los voluntarios colocaban en sus casas un sensor que recogía y almacenaba cada cinco minutos los datos de temperatura, humedad y punto de condensación.

Llevando a cabo este proyecto, tal y como cuenta la CEO de la empresa española de innovación Ideas for Change, Mara Balestrini, “en vez de gastar alrededor de 15.5 millones de libras al año intentando lidiar con problemas de salud causados por las humedades, existe una oportunidad para solventar estos problemas a través de iniciativas lideradas por los ciudadanos”.

El caso de Bristol es el ejemplo perfecto en el que se condensan las dos principales ventajas del enfoque de ciudadano como sensor: se solucionan sus problemas y satisfacen sus necesidades y, además, se realiza una gestión mucho más eficiente de los recursos públicos, que pueden destinarse a cuestiones más urgentes y necesarias. 

La mejora de la vida del ciudadano a través de Europa 2020

Todas estas medidas e iniciativas llevadas a cabo por diferentes ayuntamientos se encuentran enmarcadas dentro de las políticas de Europa 2020, un marco de referencia de trabajo para aumentar la calidad de vida de los ciudadanos de la Unión Europea. Esto a su vez está dentro de Horizonte 2020, el conjunto de políticas destinadas al desarrollo tecnológico.

En 2015 se realizó una revisión de la estrategia Europa 2020 y se llegó a la conclusión de que todavía era una propuesta válida para alcanzar los objetivos de crecimiento. La Comisión Europea decidió implementar el Semestre Europeo como medida de monitorización de los progresos llevados a cabo.

En el pasado, ya hablamos largo y tendido sobre Europa 2020 y la importancia que tienen las smart cities dentro de este marco de trabajo comunitario.

A la hora de unir ambas partes de la ecuación, es decir, la Administración y el ciudadano, tenemos la Democracia Urbana, una idea que surge para colocar en posición de igualdad a los dos agentes implicados.

Así, la tecnología que permite la recopilación de datos en tiempo real y la creación de métricas y analíticas a partir de estos, sirve de nexo de unión para que, en definitiva, la sociedad en general mejor, tanto por la satisfacción de los ciudadanos como por una gestión más eficiente de los recursos.

La tendencia actual es el incremento de sensores en las ciudades para tener un conocimiento aún mayor y más preciso de lo que acontece en ellas. Además, ya comentamos en otro post las ventajas que supone la apertura de los datos en tiempo real al respecto.

Este potencial se incrementa notablemente con el modelo en el que cada uno de nosotros funciona como un sensor, en el que a través de nuestros dispositivos ayudemos a alimentar portales de datos abiertos con la intensidad de tráfico en una determinada carretera o el consumo de electricidad de una zona, entre otras muchas actividades.

El resultado son ciudades donde los recursos se aprovechan mucho más eficientemente, se hace más ecológica y la calidad de vida se incrementa. Por lo tanto, todas estas medidas terminan contribuyendo a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsados por Naciones Unidas, que colocan el foco en cuestiones tan importantes como el cambio climático, la desigualdad económica, la innovación o el consumo sostenible.

Por eso es de vital importancia la implementación de estrategias que coloquen al ciudadano en el centro, y ya hemos comprobado que en varios puntos de España y otras partes del mundo se están llevando a cabo grandes esfuerzos para conseguirlo.